Longze y Tabor

Hace tres días fuimos de excursión con unos cuantos niños de Menteh a Longze, una montaña donde está el punto más alto de Nkwen. Está a poco más de una hora de camino de Menteh. Allí coloqué una cruz en 1992 que sirve cada año de lugar de peregrinación en el día de la Ascensión. La cruz, llevada a hombros por toda la parroquia, fue mi más importante desafío de aficionado a la ingeniería pues no calculé el viento y se cayó dos veces hasta que logré dar con la forma más aerodinámica. Para mí es un lugar de mucha belleza que simboliza que Jesús está en el corazón de todo Nkwen, de todo Camerún, del mundo entero. Sí, incluso en todos aquellos que no creen en Él pero que admiran su amor y su libertad.

En Longze también hay un lugar muy especial: Ngo Longze, o “la piedra de Longze”, una roca natural colocada caprichosamente sobre otra, como una gran seta, que por su rareza es considerada un lugar sagrado por los Nkwen. Por eso lo elegí para edificar cerca de allí la ermita de Tabor con los Hermanitos de Jesús de Carlos de Foucauld, un lugar para hacer retiros en solitario que hoy está abandonado a la espera que la nueva generación de escolapios y de hermanitos de Jesús encuentren una solución a los múltiples asaltos que las dos casas han sufrido durante años por ladronzuelos que iban a robar las chapas del tejado o los enseres de la casa cuando no había nadie. Solo unas familias bororo o fulani viven a medio kilómetro, demasiado lejos para poder ayudar.

Tabor, que lleva el mismo nombre que la casa de retiros de mi parroquia de la Transfiguración de Brooklyn, es para mí un lugar sagrado donde me encontré con el Señor en la soledad de muchos días de retiro en solitario. A los dos o tres años edifiqué una segunda casa e iba allí con los voluntarios de SETEM que venían desde España a la misión para ofrecerles un espacio de silencio y reflexión. Tabor fue el lugar donde, cuando ya había pedido permiso a mis superiores para salir de Camerún y buscar mi verdadera vocación, le dije a Susana que no me gustaría que saliera del todo de mi vida al acabar su servicio como voluntaria de SETEM. Hoy, junto con ella y con mis hijos, hemos dado gracias a Dios por haber guiado nuestros pasos.

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3 comentarios

  1. Que bonito!!!!

  2. Hola amigos, seguimos vuestro viaje con mucha ilusión, no dejeis de escribir, esta tarde nos reunimos todos los del grupo, estareis presentes no lo dudeis, un beso.

  3. Pingback: Tabor: ¡qué bien se está aquí, Señor! | al cierzo

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