Halloween cristiano

ninaconvela Como cada año, llega esta fiesta y algunos padres en el colegio me piden criterios: ¿debemos dejar a los niños que la celebren? Ayer mismo me venía una madre a rogarme que explique la diferencia entre Halloween y Todos los Santos a los chavales de mi clase de 5º de Primaria y a mis alumnos de 4º de ESO.

Para quitarle hierro a esta “sesuda” reflexión, reconozco que una vez me disfracé, hace tres años, para una fiesta de cumpleaños de mi hermano que cumple años el día 31 de octubre y que quería hacerlo al modo Halloween. En mi caso elegí un disfraz terrorífico: una chaqueta negra, una camisa con corbata y una cartera en la que ponía: “Inspector de Hacienda”. ¡La gente huía despavorida de mí!

Bueno, bromas aparte… Cuando viví en EEUU descubrí esta fiesta que, en Nueva York, tenía un carácter eminentemente infantil. Pero, con el tiempo y la influencia de la industria de Hollywood y sus películas de terror, fue convirtiéndose tanto allí como aquí en una fiesta de jóvenes y adultos que aprovechan la ocasión para disfrazarse de seres de ultratumba. En el fondo, motivaciones económicas por un lado y ganas de hacer fiesta por otro. Pocas razones religiosas.

Actualmente, debido sobre todo a la presión de los hermanos evangélicos, se habla cada año más sobre el satanismo solapado de esta celebración de origen celta que coincide con el comienzo del frío, el invierno y la muerte de la Naturaleza. Personalmente creo que no se puede imputar una adoración al Maligno a personas que, inocentemente, solo buscan un rato de diversión. Tampoco creo que sea bueno no hacer nada, no reflexionar, no buscar alternativas, no educar(nos) ante esta invasión de una fiesta pagana. Toda “crisis” es una ocasión para un cambio positivo, para renovar nuestra fe, para repensar cómo vivimos.

la Iglesia ya se enfrentó y respondió en la Edad Media creando la fiesta de Todos los Santos para contrarrestar esta tendencia pagana a festejar la muerte y ahuyentar así los supuestos espíritus que vagan sin rumbo por ahí. ¡No hace falta inventar nada más! Celebremos, pues, Todos los Santos… pero en el siglo XXI.

¡Y qué bonita fiesta! Fiesta democrática que reconoce que, además de los santos canónicos, los que están en el santoral, ha habido mucha gente buena que ha vivido el evangelio de veras. Pero, claro: eso no mola mucho, que decimos aquí en España. ¿Quién va a conseguir que un niño no pida ir a una fiesta de disfraces predicándole ortodoxia?

Una alternativa es prohibir sin más que nuestros hijos participen en Halloween, y educarles para mirar esta fiesta como los musulmanes miran las nuestras. Pero eso no es siempre posible, más cuando la fiesta se presenta como parte de la tradición anglosajona y, como tal, se emplea como recurso didáctico en las clases de Inglés. En muchos colegios, incluso los católicos, aparecen enormes murales celebrando Halloween para gloria de la profe de Inglés y consternación de la de Religión!

Otra alternativa es montar una fiesta alternativa. Con lo que he ido leyendo de lo que se hace en parroquias de países como EEUU o México y lo que he reflexionado por mi cuenta se me ocurre ofrecer estas alternativas para padres y catequistas. Son para gente con ganas de organizarse, enfrentarse a la marea y remar a contracorriente. Vamos, consejos para valientes capaces de hacer cosas creativas. Algunas costará tiempo crearlas, pero todo es empezar. Aquí van las ideas:

  • Disfrazarse positivamente: Que los niños se disfracen, pero que no sea dando culto a lo tétrico, lo morboso, lo maléfico… Que se disfracen de hombres y mujeres que han dejado tras de sí un rastro de luz: cooperantes, misioneros, santos, aventureros, científicos… Podrían incluirse “santos” laicos que han luchado por apartar la oscuridad de la noche de la humanidad: Gandhi, Luther King, Einstein, Mandela, Madame Curie, Helena Sendler… Los niños, disfrazados así, se presentan como un Ejército de Luz frente a la noche de la muerte y las tinieblas.
  • Santos: En algunos países van regalando por las casas estampas de Jesús, María y los Santos, en especial aquellos que son más cercanos a nosotros históricamente y nos inspiran más. Es un buen día para recobrar esta costumbre de llevar en nuestras carteras alguna imagen del Señor.
  • Mensajes bíblicos. Por ejemplo, pueden escribir y regalar citas de la Biblia con invitaciones a vivir en amor, paz, perdón, reconciliación, esperanza, alegría, confianza en Dios…
  • Servicio: Que, en vez de ir exigiendo dulces con amenazas, sean ellos los que regalan algo: un servicio (como bajar la bolsa de la basura a una anciana), caramelos para otros niños de la casa, cantar una canción, orar un padrenuestro por una persona que desea la bendición de los niños…
  • Oración: En nuestras casas podemos hacer oraciones especiales como las que tradicionalmente se hacían en los hogares cristianos de antaño por “las almas de los fieles difuntos”. Yo mismo las hago con mis hijos. Básicamente es encender la noche del 31 una vela por cada persona de la familia que ha fallecido, recordando su nombre y orando luego por todos. Las velas se colocan en un lugar adecuado y allí hacemos la oración de la noche.
  • Con los adolescentes es bueno recordar la memoria de los inocentes que están muriendo, de las víctimas de las guerras, las injusticias, el hambre, la violencia doméstica… Podemos poner algunos recortes de periódico en un mural o mesa y encender una vela por cada una de estas auténticas causas del horror.
  • Vigilia: ¿Y por qué no montar una vigilia la noche de Halloween para los adolescentes, por ejemplo los de catequesis de Confirmación? Algunas de las ideas anteriores podrían confluir en un rato de oración. Se podría luego ver una película alternativa al espíritu de Halloween, una cena compartida…
  • … Y llega la mañana. Una de las obras de misericordia es enterrar a los muertos. En nuestros cementerios hay tumbas que ya nadie cuida, muertos olvidados cuyos familiares han desaparecido a su vez. Posibilidad de ir con estos adolescentes a hacer la obra de misericordia de ayudar a personas mayores en sus labores de limpieza, o de orar por algunas personas por las que ya nadie reza.

Que el Señor nos bendiga y nos inspire muchas más respuestas creativas a este reto. En última instancia, si nada podemos hacer en nuestro entorno social poco cristiano, no vivir esta invasión de brujas, vampiros y esqueletos con inquietud. Recordemos lo más importante de nuestra fe: Jesucristo ha vencido a la muerte. Amén.

 

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2 comentarios

  1. Jesús Alejandro Pimentel Flores

    Muy buena reflexión me comprometo a imprimirla y difundirla

  2. Es una buena idea para los que tenéis niños pequeños. Te felicito.

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