El cerro de San Cristóbal

Nuestra primera visita en Santiago de Chile ha sido al Cerro de San Cristóbal, una montaña que separa la ciudad en varias comunas muy diferentes. Hemos subido con mi sobrino Willy con el teleférico para descubrir un espacio desde donde se divisa toda la ciudad.

En lo alto, una iglesia, en cuyo exterior nos ha sorprendido la «Plaza Vasca», un rinconcito que conmemora la importante emigración vasca a estas tierras, un jardincito de exvotos y una enorme estatua de la Inmaculada Concepción en cuya base hay una pequeña capilla. Allí hemos orado por este gran país, tan lleno de contrastes y, a la vez, con luz propia en toda Latinoamérica por su estabilidad política y económica.

Al bajar, varias cruces decoradas con preciosos y coloridos estilos pictóricos jalonan el camino. Nos hemos una bebida muy típica de aquí, el mote con huesillo, un «cóctel» que combina una base de cereales de trigo inflado (mote) con huesillos (duraznos o melocotones en almíbar) en un refrescante jarabe de azúcar y canela. Te lo tomas y… se te quitan las ganas de comer con las megacalorías que te metes entre pecho y espalda. ¡Muy aconsejable a quienes ascienden aquí a pie o en bicicleta, que son muchos!

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