Tabor: ¡qué bien se está aquí, Señor!

Tabor

Tabor es la casa Bryan compró a final de los años sesenta para que las fraternidades de la parroquia de la Transfiguración tuvieran un lugar de retiro, oración y convivencia. Se encuentra en Briar Manor, un pueblecito cerca de Ossining, al norte de Nueva York, en la margen izquierda del río Hudson. Lo componen tres casas entre las que destaca la que se utiliza para capilla, originalmente hecha para que el pintor que vivía en ella gozara de toda la luz posible en medio de una naturaleza exuberante. La suerte del lugar es que tiene como vecinos a la rica familia Rockefeller, que donó una gran parte de su tierra para convertirla en un parque estatal, lo que concede al que visita Tabor kilómetros de paseos por bosques centenarios.

El Señor, después de su resurrección, invitó a los apóstoles a través de María Magdalena a “volver a Galilea” (Mt 28,7), al lugar del primer amor y el primer discipulado, al espacio sagrado donde volver a renovar la fe y el compromiso. Tabor es , para mí, uno de esos espacios sagrados, una parte esencial de mi Galilea, como la ermita de Tabor que edifiqué en Camerún con los hermanitos de Jesús de Carlos de Foucauld. Ambas casas están unidas por la silenciosa presencia del “nkeng”, la planta de la vida para los cameruneses que aún sigue creciendo en una macetas debajo de la capilla que alguien, quizá sin saber su significado, pero animados por el hecho de que Bryan las mimaba, sigue regando.

Hoy, en mi ajetreada vida , llevo la ermita en mi corazón y allí me puedo retirar cuando quiero estar con el Señor. Pero, ¡qué alegría poder volver físicamente a este lugar que lleva el nombre del monte en el que ocurrió la Transfiguración del Señor! Allí, Pedro exclamó: “¡Qué bien se esta aquí, Señor!” (Mt 17,4).

Vine a este lugar, la última vez, hace un poco más de diez años, acompañando a Bryan en su última Semana Santa. Su presencia sigue aquí, en mil detalles de belleza y silencia, pero, sobre todo, en la belleza de la gente, de las fraternidades que siguen viniendo a hacer presencia a Dios. ¡Gracias, gracias, Señor!

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Un comentario

  1. Entre otros menesteres, soy pintor ( a lo largo de estos últimos seis años dedicado casi exclusivamente a la pintura religiosa) y entre otros encargos, me encomendaron la realización de un gran mural sobre la Transfiguración del Señor que me emocionó en recuerdo de mi antiguo paso por Transfiguration. Aunque en Nueva York sólo pinté algunas pequeñas obras a la cera (algunas de ellas se las di a Lewis Maynard), diseñé ( és una palabra exagerada, lo sé) y ayudé a realizar el altar de Tabor i decoré la puertecita del pequeño sagrario de madera. No son obras para figurar en los libros de arte, pero cuanta emoción he sentido al observar que allí están después de más de cuarenta años. Emocionado!

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