SAJOCAH

Antes de ayer estuvimos en SAJOCAH, acrónimo de Saint Joseph Catholic Hospital. Se encuentra en Bafut, a unos 30 km, una hora de coche de Nkwen si se cruza Bamenda.

Es un hospital de las hermanas franciscanas donde se preocupan, de forma especial, de niños disminuidos físicos, sea debido a la deformación de sus piernas por mala calcificación infantil o a ser invidentes.

Cuando Pablo hizo su Primera Comunión le presentamos la posibilidad de recibir solo un regalo y destinar el resto del dinero a ayudar a niños de SAJOCAH con sus operación de reconstitución de las piernas o con una beca para los invidentes. Junto con Guillermo Navarro, enviaron dinero para dos casos. Desde entonces lo han hecho otros niños de nuestra comunidad del Espíritu Santo: Gonzalo, Gabriel, Nacho, Mario, Isabella, Miguel, nuestro hijo Daniel…

Queríamos venir a conocer a la hermana Judith, directora del centro, ver el hospital, entregar una nueva aportación nuestra y de algunos amigos, ver otras necesidades en las que podríamos colaborar…

Los niños son operados en Njinikom Hospital por médicos traumatólogos de Holanda e Italia y luego vienen aquí a rehabilitación con prótesis ortopédicas que se fabrican aquí mismo de una forma artesanal. Los invidentes, por su parte, aprenden Braille y están aquí internos hasta que acaban la secundaria. Además hay aquí personas que han sido abandonadas por sus familiares (en especial de la etnia bororo o fulani, que originalmente eran pastores nómadas del Sahel y ahora se están asentado por aquí y dedicándose a ser pastores de cebúes) y que se quedan al total cuidado de las hermanas prácticamente de por vida. Nos ha hecho conocer a dos de estas personas, una muy dependiente físicamente y otra con deficiencia mental. Hay otros pacientes que están aquí durante mucho tiempo y colaboran en una panadería que se inaugurará oficialmente la semana próxima, en la granja de animales, en las labores de limpieza…

Hemos acabado la visita comiendo en un restaurante que el hospital tiene en Bamenda donde venden algunos de sus productos y, en una tienda adosada, manualidades de enfermos que, tras su rehabilitación, se ganan la vida en sus poblados haciendo artesanía. La preocupación mayor de la hermana Judith es la sostenibilidad tanto de los servicios que ellas dan como del proyecto de vida de las personas tras su rehabilitación.

Tras la comida le hemos entregado un regalo personal: una imagen de la Virgen del Pilar. Rezaremos para que siga adelante esta maravillosa obra de amor que las hermanas y sus colaboradores hacen.

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2 comentarios

  1. hola familia, me parece maravilloso compartir con vosotros esta experiencia la seguire para ir viendo lo que haceis

  2. ¡Es una experiencia impresionante! Comencé ayer a seguiros a través del blog, porque no he podio antes. Merece la pena el esfuerzo de dejar constancia escrita y en fotos de lo que estáis viviendo. Seguid disfrutando y haciéndonos llegar vuestras noticias. Besos para ti, Susana y para tu familia.

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